sábado, 12 de enero de 2013

Apuntes junto al mar de la memoria

"Apuntes junto al mar de la memoria", que se acaba de publicar en Quito -Ecuador-, es una antología de versos, la segunda -la primera se publicó en Ceuta en 1.986- El libro contiene una selección de poemas de las obras PAISAJE EN GRIS,CON EL COLOR DEL MAR,UNA MONEDA DE SOMBRA PARA UN SUEÑO,C.D.BALADA DE SEPTIEMBRE,PLAZA DE MAYO,DOCE DE MAYO, UN CAMINO A PONIENTE y un grupo de poemas sueltos, inéditos la mayoría de ellos, entre los que figuran los que inserto a continuación: 



ATARDECER EN RIANXO
-Soneto en la terraza de un café-

Aquí se hizo el paisaje relicario
para guardar la paz junto a la ría.
Aquí escribió con signos de armonía,
vecina al mar, la brisa un calendario

de jornadas sin tiempo, un breviario
de luz y eternidad … Adorna el día
un encaje de sal y el sol que guía
la gaviota de un sueño libertario.

Se derrite septiembre en la terraza
de este café. La vida se deshoja
con aroma de tiempo marinero

y “saudades” de ayer, mientras desplaza
el beso de la tarde, paradoja,
hacia la mar la tierra del viajero.



UN MENDIGO, BAJO EL SOL DE MAYO,
TERRAZA DE UN CAFÉ, CATEDRAL AL FONDO-

Se pierde en la tristeza su mirada,
casi oculta en el gris de la visera
de una gorra mugrosa, compañera
de su atuendo de andrajos. Derrotada

tiende su mano un puente a la alejada
caridad. Lleva flores. Tal vez quiera
cubrir con dignidad de primavera
la anhelada limosna. Su ignorada

humanidad recorre la terraza
frente a la Catedral, como si fuera
un salpicar de sombra. Y de su ramo

acerca, con torpeza de la mano,
el cardo que compró mi compañera
-humilde transacción- junto a su taza.




UNA TARDE EN MADRID …
En memoria de Sagrario Torres

Madrid, tras el cristal de la ventana,
envuelto en lluvia. Noche prematura
apagando el susurro. La ternura
de la última caricia. Una lejana

postal sobre la colcha, casi nana
para acunarle el sueño a la aventura,
que no habría de emprender con la escritura
de un último soneto …La campana

de un oratorio, ahogada en amarillos
reflejos de hospital en su mirada,
nos dijo adiós, prendida ya al paisaje

detrás del mar. Vagando en los pasillos
anónimos, su vida, deshojada,
acercaba a la noche su viaje.




APUNTE EN LA MADRUGADA DE
UN VEINTICINCO DE DICIEMBRE
Bordó anoche el calendario,
sobre una almohada de luna,
la pequeñez de una cuna
llena de Amor …Y un rosario
de estrellas era notario
del desamor: un mendigo,
al amparo del abrigo
de un portal, lamía su pena,
ajeno a la Nochebuena,
con el vino por amigo.




ES CUATRO DE SEPTIEMBRE
Es cuatro de septiembre.
Un cementerio acoge
los restos de un humano masacrado.
Quizá él venció al olvido
oscuro de la tierra manejada
por el ácido hiriente que trajo el dictador …

Pero no está su voz en los azules
de la tarde chilena.
Pero no está la gente de Chile reclamando
su derecho a vivir
entre claveles.
Pero no están los niños,
hartos de leche, dando
su sonrisa a la lumbre del cono sur.

El hombre de las caras libertades,
del sueño de horizonte,
de la hermandad pesada,
se quedó, un día de plomo, sumergido
en una muerte anónima y violenta.
- Quizá una suerte,
irónico pasaje de los pueblos vendidos -
Sus paisanos
fueron pasto, con prisas,
de un uro torturante y maldecido
por el Dios qué tomó como pretexto,
para llenar de sangre
el mapa todo
de aquel Chile perdido y maniatado,
el odio secular.

Es cuatro de septiembre
y hoy Salvador Allende
viaja, en tierra, a los mármoles escritos,
pero su pueblo llora todavía ...
Llora,
bajo un ciprés largo y brillante
que regaron las lágrimas
y agita
su copa en el silencio de la tarde.
Esta tarde,
que aún recuerda
la herida abierta allá , en Viña del Mar …

Es cuatro de septiembre,
una fecha cualquiera
en el cristal sin vida de los televisores.

Cuatro de septiembre de 1990




LA LUMINARIA ROMPE…
La luminaria rompe el terciopelo
del tiempo detenido. Enfebrecida,
arde la piel, casi cristal, herida
en lluvia de alfileres. Alza el vuelo,

como gaviota que arañase el cielo,
el pensamiento en libertad. La vida
se perfuma de sándalo y anida
sedosa en nuestras sienes, como un velo

que pone beso a la caricia. Estalla
todo el fragor del mar en la cintura,
vertiéndonos su espuma en precipicio

y un campo de amapolas, donde calla
el susurro estival, se desfigura
herido por mil fuegos de artificio.




LUEGO SOMOS…
Luego somos etérea, algodonosa
almohada donde el mar se desvanece
más allá de la luz. La plata crece
en derredor su huella luminosa.

Nos derrotó el perfume de una rosa;
y el oro del verano, que se mece
curioso en el cristal, nos amanece
besándonos la piel. Llega amorosa,

otra vez más, la vida a la terraza,
como un pañuelo grande de colores
anudado al calor de la mañana.

La alborada del sur se nos abraza,
como una niña, al alba, entre rumores
lejanos de un sonido de campanas.




SE NOS ABRIÓ, ¿RECUERDAS…?
Se nos abrió, ¿recuerdas … ?, la mañana,
viajando a la ilusión en una noria
que el tiempo se olvidó bajo la historia
atrapado en un vals. Viena cercana

cincelada en la luz …; la porcelana
diminuta del Prater …; tu memoria,
poniéndole al lugar dedicatoria
con mirada de niña …; y la campana

de un mago de algodón en tu sonrisa,
me trajeron la luz de la acuarela
de nuestro amanecer al pensamiento,

al roce de los labios, con la brisa
avivando la llama de una vela
para alumbrar la magia del momento.




ES CASI MADRUGADA…
Es casi madrugada y retrocedo
a una tarde, en la radio, en el verano;
a aquel tiempo de plata, de la mano
de estas horas de luna, donde puedo

bordar de luz el pensamiento. Cedo
la palabra al recuerdo. Tan cercano
me llega tu perfume … Es tan temprano
en el reloj ahora, que hasta puedo

escucharte, la voz adolescente,
arropada en la música. Y presiento,
aromado otra vez de primavera,

que ha de bordar tu mano compañera
mi lienzo de vivir, hasta que el viento
nos devuelva a la mar eternamente.




Y YA DE MAR…
Y, ya de mar … Me asalta el pensamiento,
¿ tendré el aroma fresco de tu seda
pajareando, cercano, la vereda
desconocida, donde lleve el viento

de Dios mi caminar …?.¿ Tendrá el momento
tu luz de amanecer …?. La noche rueda
en su mágica senda. El alma queda
perdida en el paisaje que presiento

más allá del jardín. Me sobrecoge
el guiño de la aurora en la ventana,
su mortecina luz en lejanía …

Y me acerco a tu cuerpo, que me acoge
con un abrazo suave … La mañana
comienza ya a escribir su sinfonía.




SI TE PRECEDO…
Si te precedo rumbo a lo infinito,
asómame hasta el mar en tu mirada
y llévame la luz a la varada
esquina de los sueños. Cuanto he escrito

derrámalo en el viento manuscrito,
cuando el atardecer, por la nevada
de gaviotas … Susúrrale a la almohada
alguno de mis versos, que, marchito,

se deshojó en el vaso del olvido.
Yo estaré en el paisaje de tu estío,
primavera otra vez, mientras asoma

el alba a la ventana y al dormido
arenal desemboca, en oro, el río
con que el cielo bendice a la mañana.




TE MIRO…
Te miro, sobre el tiempo, en la mañana,
vencida el alba, niña todavía,
asomada al jardín de la armonía
y bañada de luz, en la temprana

caricia por llegar … Y se engalana
de juventud la tierna sinfonía
con qué mi sueño mece todavía
la cuna de vivir. En la ventana

de mi vagón otoño; en mi paisaje
el oro en las choperas … Han venido
de nuevo, con su loca algarabía,

las gaviotas al borde del encaje …
Me sacan del recuerdo con su ruido
y agradezco al Señor tu compañía.




SU NOMBRE…

-Un recuerdo a Vicente Ferrer-


Su nombre…

Era un nombre
repetido en millares de labios
rezando a la esperanza,
cada día,
en la tierra ancestral de los santones,
las castas y el exótico paisaje.
Era acaso
el nombre paternal de aquel que allana
la tierra y la dispone
para sembrar en ella.
Era el nombre sencillo
de quien ,
y sólo por amor,
reconvirtió su senda y su paisaje
para buscar a Dios en la pobreza…

Su nombre…

Era el clarín para sacar del sueño
la conciencia dormida
y acunar entre nubes la orfandad de los niños
que, teñidos de sol, se multiplican
para iniciar viaje
hacia ninguna parte…

Acaso el Ganges le sirvió de guía
para encontrar,
lejana,
una parcela
donde inventarse un techo
y compartirlo
con millares de seres…

Su nombre…

Sonó como un mensaje,
misionero,
como un eco
que llevara noticia
de los desheredados
hacia los cuatro puntos cardinales.

Atrapado en la lumbre
misteriosa
de una tierra perdida en lejanía
quiso, Vicente,
sembrar cariño encima de la roca
y hacer caricia el áspero suburbio.

Sólo tomó billete de ida en el viaje…

Y un día,
cuando en Europa
moría la primavera,
le tomó Dios la mano y lo llevó a la luz.

Cuentan que los caminos polvorientos
de la India
se llenaron de tímidas pisadas
de harijans,
que iniciaron viaje
hacia Bathalapalli, donde quiso
hermanarse a la tierra,
para decirle adiós
y que el paisaje,
lejano,
de Andrha Pradesh
se cubrió con un sari,
de ocaso permanente…

19 de junio de 2009


PALABRAS PARA PRESENTAR EL LIBRO "APUNTES JUNTO AL MAR DE LA MEMORIA", en la Casa de la Cultura de Fuengirola, el 23 de octubre de 2013

ALEJANDRO GATÓN RUIZ (Poeta)


Cuando Antonio me propuso que le asistiera en la presentación de su nuevo libro, recibí la noticia con cierto sobresalto.

¿Qué podría decir yo que no se haya dicho antes, cuando ha publicado –según figura en la contraportada del libro- dieciséis títulos, quince de poesía y uno en prosa? 

¡Cuántas personas destacadas en el campo de la literatura, que han presentado sus obras anteriores, durante treinta y ocho años, han elogiado brillantemente sus valores literarios!

Conocí a Antonio precisamente aquí en Fuengirola, a través de una amiga común, también poeta,. Me fui asomando a su obra en distintos encuentros posteriores, en Fuengirola y en Las Lagunas de Ruidera, en varios años de un certamen literario que lleva precisamente su nombre, “Antonio Ruiz López de Lerma”

Pensé que si apenas podría yo aportar algo nuevo, al menos, 

Me sentaré a su mesa y a su lado
estaré para hacerle compañía.
 

Mirando al mar. Su pasión profunda. En su superficie opaca resbalarán otras miradas, pero no la suya. Tienen otra visión sus ojos. Más allá del ultravioleta y más acá del infrarrojo. Sabe que allí están sus versos, mecidos por sus olas, que van arribando a su playa, una tras otra, y estallan de gozo en la blonda de su espuma.

Doce, trece, catorce… con su sedal, los ensarta en su soneto.

Para él, el mar no es una masa informe que se desplaza a merced de cualquier viento, Para él, el mar es una fuente inagotable de inspiración profunda. 

Don Quijote vio en las toscas paletas de los molinos manchegos, fabulosos gigantes de espada y lanza, y arremetió, al instante, contra ellos.

Antonio sabe descubrir en los improntus del mar, exacerbadas pasiones de enamorado fogoso que una y otra vez acosa en su cortejo de espuma con la magia de sus versos.

“…y se desliza,
bajo el cristal la playa, seducida
por el violento amante, que la arropa
tras el amor, porque quedó dormida.” 

Conoce todas las rimas y conduce con soltura y maestría por las sendas de la rima y de la métrica y, en su paleta, sabe escoger el color que más conviene para vestir su verso. Sujetará con brío las riendas de los catorce versos del soneto, y otras, las dejará correr a campo abierto, abandona el asfalto y las exigencias del tráfico, para subir y espigar versos silvestres en el  monte, que el viento fecundó en la Primavera, libre de ataduras y de freno, allá donde el espárrago y la seta no entienden de caminos y de sendas, como dice preciosamente en su poema:

“que no se da al jilguero partitura
ni condición al verbo del poeta.”

Salvaje, abrupto, rebelde solitario, como dice Atahualpa Yupanqui 

“…como el león de la sierra,
vivo y muero en soledad.”

Dispone de un verdadero arsenal de imágenes y preciosas metáforas que visten sus ideas de un impresionante colorido sin perder claridad y transparencia. Parecen situarnos ante una pantalla de alta definición, sin hilvanes, puntadas ni pespuntes, en la que formamos parte de la escena y nos hace vibrar en sintonía con sus sentimientos.

Es su exquisita sensibilidad que eleva lo sencillo y humilde a la categoría de lo sublime. Corta sus trajes con tal maestría, que hace que la vida esté elegantemente vestida, conservando a la vez, la belleza de las formas de su anatomía desnuda.

“Y pienso, si se pudiera                                                 
sembrar de césped la bruma
y salpicar de amapolas
la arena… Sobre las olas
con una tinta de espuma
donde mojara la pluma
una mano enamorada…”

Si es interesante constatar la soltura con que se mueve en el intrincado y complejo terreno de la preceptiva literaria, yo destacaría que su poesía no es un traje de firma en un escaparate de lujo, sino un despertar del sentimiento que surge exquisito y vivo.  Es la vida misma y no un maniquí la que se viste de fiesta. Él sabe descubrir el aleteo de la vida que palpita en las cosas pequeñas, en esas situaciones que a otros les podrían parecer triviales y sin relieve alguno. 

El misterio de la vida que bulle en los baberos de la escuela infantil:

“Ellos eran tres ruidos chiquitines
apenas perceptibles que llegaban
cada mañana al mundo de la tiza.” 

El sentimiento que le despierta una vida que comienza. Apenas un tejido en que explota, en su carta a un bebé:

“Un soplo esperanzado de ternura,
una gota de carne en luz de auroras.”

Asiste al pulso que le echa la indigencia de un             mendigo a la magnificencia de la fachada de la catedral. No gana el pulso. Pero no se rinde. No se deja abatir y sigue con paso vacilante guardando un difícil equilibrio al caminar por la delgada línea del umbral de la pobreza, intentando vender unas flores y unos cardos entre los privilegiados que degustan una taza de café en los veladores de la plaza:

“Se pierde en la tristeza su mirada
casi oculta en el gris de la visera.”

Esa mirada tierna hacia la anciana sentada frente al mar, que le recordaría, sin duda el famoso soneto de Sagrario Torres que tan profunda huella le produjo. “Una anciana en recoletos: En el pico de un banco está sentada…” 

“Lleva la vida escrita por la frente,
sentada en soledad y bebe el día
en un vaso de olvido…”
 

En el poema “Treinta años después” en el que vive la experiencia de su despertar de abuelo: 

“y, como entonces, tengo entre la mía
el calor de una mano chiquitina
calentando mi tiempo con sus dedos…
No me llama papá, me llama abuelo.”

No pasa junto al mar. Está sentado. No en una piedra a la que la ocasión le atara. Se llevó su propia silla. Con premeditación. Y a su compañera, con su silla también. No están de paso. Quieren sentir que es el mismo zumo el que se alberga en sus dos mitades. Que, sin su otra mitad, su fruta no se encuentra protegida.. Que se podría evaporar su verso, o al menos, oxidarse a la intemperie.

Bromas de la fotografía. En segundo plano, rompe en espuma una ola del mar. Pero, si se la mira con ojos de primer plano, la cosa cambia sustancialmente. Ya no es una ola, sino ectoplasma espiritista,
                         saeta algodonada,
                         aspersor de riego que, brotando de la frente de Paquita, se amplía, se difunde y pulveriza su pensamiento y lo transmite, en telepatía, regando abundantemente la frente del poeta. Es una  corriente eléctrica. Es un pañuelo de seda que los unce al carro de la vida. A través de dicha silueta, blanca algodonosa pluma, hace de apuntador de escena que, en la concha de la playa, va dictándole al poeta

Apuntes junto al mar de la memoria.





































jueves, 25 de noviembre de 2010

Poemas dedicados a Antonio Ruiz L. de Lerma

A LA POESÍA DE
ANTONIO RUIZ L. DE LERMA

Brisa de atardecer, espuma en vilo
que un viento de poniente desordena.
Orilla de quietud en la serena
bajamar trascendida del sigilo.

Mar que se desenreda, como un hilo,
sobre el oro doliente de la arena
y a la tarde del tiempo le encadena
destellos de un crepúsculo tranquilo...

Desde esta claridad de Punta Umbría
-junto al gozo celeste de una ría-
tiendo en alas de luz mi verso amigo

para Antonio Ruiz. Que sus enseñas
naveguen desde el mar a Valdepeñas
y halle, en la Mancha, mi homenaje abrigo.

Enrique Barrero Rodríguez
Punta Umbría (Huelva)
Verano de 2009



PARA MI AMIGO,
ANTONIO RUIZ L. DE LERMA

-En su homenaje en Valdepeñas,
recibiendo el nombrammiento de
"Poeta de la llanura manchega"

Fue TIERRA ADENTRO donde nuestros ojos
como dardos de luz, como poemas
puntiagudos y eternamente humanos
que se acaban clavando
en medio de las sienes,
alcanzaron a ver la misma estrella
y el halo vaporoso que en la tarde
van dejando los versos.
Fue allí , sobre esa TIERRA de parda agrimensura,
donde supimos ver que nuestras voces
y el escozor que dejan los poemas
que vamos escribiendo en carne viva
habrían ya de estar predestinados.
Tú venías entonces de todas las palabras
hechas de espiga y sol. Yo apenas era
una simple muchacha con la sangre
arrebatada ya de golondrinas.
Y aquella carta tuya que en la noche
le escribieras a Mario
se me agarró con fuerza a la garganta,
y todavía hoy, cuando han pasado
mil lunas por nosotros, mil incendios,
mil ciénagas de duda o de salitre,
el eco de tus versos me sigue despertando
un aroma de espliego entre las manos
y un tieno olor a pan y a cercanía.

Juana Pinés



EXTRAÑEZA
Para Antonio Ruiz L. de Lerma

Quizá es la soledad. Su lengua fría.
Quizá el rumor del tiempo sucedido
que deja lasitud, hielo adherido
en el cristal de la melancolía.

Quizá es la noche sobornando al día.
La afirmación de todo lo perdido.
Quizá el recuerdo, el pálido latido
de algo que la memoria nos confía

sin que podamos descifrarlo. Extraño
documento que deja su misterio
en la selva del tiempo, en su maleza.

Voluntad del relámpágo o engaño
que hizo de la penumbra su cauterio
y trasformó el vivir en extrañeza.

Angelina Gatell



DÍPTICO
Decirte, cantarte, bailarte, ofrecerte
(Uno)

¿Qué decirte?
¿Qué añadir a tu cuenta de vivencias,
al tronco de cultura que has reunido?
¿Qué dictar a mi trino requerido
si trinos y rimar son mis carencias?

¿Qué cantarte?
¿Qué ofrecer a tu mundo de existencias
si mi alforja de versos se ha perdido,
si tengo de la musa sólo olvido
y las notas, los cantos, son ausencias?

¿Que bailarte
si el baile se te ofrece cada día
con ese sol camino de poniente?
¿Dónde, pues, colocar la danza mía?

¿Qué ofrecerte,
si tienes, tú lo sabes, ese puente
tendido entre los dos, desde Almería
al mundo donde el poeta se presiente?

(Dos)

Sí, decirte
que aporto al mundo entero mis vivencias,
que junto al gran poeta he reunido.
Decir que me he sentido requerido
para que en tu plantón no haya carencias.

Sí, cantarte
mil canciones que cuenten existencias,
canciones de sirenas si has perdido
el norte, navegante, y el olvido
hace mellas dejadas en ausencias.

Sí, bailarte,
que amanece si el sol le baila al día
y cruza de Levante hasta Poniente
llevando tu danzada con la mía.

Sí, ofrecerte
las flores del camino de ese puente
que une a los poetas de Almería
con aquel que en La Mancha se presiente.

José Antonio Soria Estévan
6 de setiembre de 2009



SONETO PARA ANTONIO RUIZ
LÓPEZ DE LERMA

Hoy me despierto, Antonio, en el amigo,
en la razón del verso y su mensaje;
hoy septiembre despliega su equipaje
por viñas en sazón y egregio trigo.

Si noble tu andadura, aquí me obligo.
Quiero ser loa en ti y en tu homenaje.
Préstame de tu estrofa el andamiaje,
que corazón seré si estoy contigo.

Corazón de amistad y abrazo noble.
Permite que te acoja en el redoble
del tambor que en mi pecho late ufano.

Déjame que, prendido a tu alegría,
regrese a la amistad de un viejo día
y te abrace con fe, "poeta hermano".

Nicolás del Hierro



APROXIMACIONES AL ADN
DE UN POETA-POETA
(A Antonio Ruiz L. de Lerma,
con ninguna lejanía)

"...que solo encuentra en tí su propia hechura"
LUIS ROSALES

La vida en cada verso o que fatiga
conjugar lo real con lo invisible.
El pulso dentro de una irresistible
noche que con más noche lo castiga.

Cincel, con la constancia de una hormiga,
que moldear intenta lo imposible.
Un morir por entrar al indecible
sabor a sacramento de una espiga.

El cazador del aire: el eternauta
que persigue la causa inalcanzable
de lo etéreo de un sueño.
El llantonauta
que surcando una flor pide que le hable
del llanto del rocío. El argonauta
cuya estrella polar es lo insondable.

¿Qué más en tu ADN de poeta...?
¿El Via crucis de un mínimo profeta
que asciende al beso de lo inabarcable...?

¿Con qué voz en el tiempo y el espacio...?

Nieve el papel, qué oscuro lo indudable
y qué lejos la luz, y qué despacio,
y qué gustar dolencias...: ¿las del gozo
de cantar tus abismos...?
Voz del pozo

de tu ser -más que voz- que transfigura
la sed de tu llanura, donde un lirio
se atreve a florecer como un delirio
que sólo encuentra en ti su propia hechura.

Carlos Baos Galán



¿QUIEN LE PONDRÁ ATADURAS
A TUS VUELOS?
Para Antonio Ruiz López de Lerma, amigo

"...que no se da al jilguero partitura..."

(Antonio Ruiz L. de Lerma)

Antonio tiene un atrio de palomas
en su jardín de amor de cien rosales
y un relámpago azul en la mirada
que le encabrita el pápito en la sangre.

Un cestón de flamantes amapolas
tiñe de paz su lírico estandarte
y le cercena el gozo y la tristeza
la cuchillada negra del paisaje.

Para apagar la luz de tanta envidia
lleva en su pecho un lirio tremulante
y entre sus labios trina su jilguero
en la perpetua soledad del parque.

Todo su amor plagado de arañazos
crece y se ensancha en la rabiosa tarde,
y una oración de trigos y sarmientos
inunda toda la endeblez del aire.

Busca un camino limpio de asperezas
donde la injuria nunca le apuñale,
porque estoy convencido, desde siempre,
que Antonio tiene un corazón de arcángel.

Santiago Romero de Ávila



A TI, ANTONIO

Navegante palabra en la llanura,
cuando ANTONIO, pasea lentamente,
y el racimo se crece, ya fielmente,
elevándole en Cáliz su escritura.

Oleante su voz por las espigas,
Él, inventa una mar de cereales
cuando versos se elevan ideales
y La Mancha vendimia sus cantigas.

Se emociona la luz en el concierto,
y sus rimas se van a los lagares
para vino sagrado en los altares.
Los molinos serán su libro abierto.

Irene Mayoral



INVITACIÓN FORMAL PARA VENIR A CASA
-A Antonio Ruiz López de Lerma-

Ahora que las mieses han caído
y que la tarde es sombra aquí en tu tierra,
ahora que tiene el sol ojos de lluvia
y el calendario anuncia la cosecha,
hay algo que nos llama aquí, en el pecho,
una mano tocando a nuestra puerta.

Y así acudimos fieles a la cita,
al íntimo rincón de tu presencia,
a este rito ancestral de las estrofas
que nos reune en torno a vuestra mesa,
a compartir el tiempo y el espacio
-que apenas son ceniza en esta hoguera-
y a abandonar adrede los relojes
entre los tibios platos de la cena.

Retomaremos los momentos vivos
de hablar en las orillas de Ruidera,
rezar en los sagrarios y en las torres
con esta fe de lírica evangélica,
de ir por todas partes predicando
con el cáliz ungido en Valdepeñas.

Ahora que el crepúsculo se anuncia
con la mágica luz de las estrellas,
ahora que la noche nos inspira
y que las musas -invocación serena-
llevan a la memoria a esos amigos
que viven más allá de las agendas,
es tiempo de venir a nuestra casa,
de que ésta sea vuestra residencia,
para que compartiendo pan y vino
hagamos de los versos una fiesta.

Dejar escrito sólo quedaría
una excusa, un moneto y una fecha...
El lugar, por supuesto, nuestra casa
-atril de arquitectura geómetrica-
que es el templo de todos esos locos
que "sólo" saben escribir poemas.

Diana Rodrigo Ruiz
David de la Sierra-Llamazares Cejuela
Agosto de 2009



... Porque, Antonio:

"Dios te hizo poeta"
para darnos
ese inmenso caudal
en que bebamos
tus hermanos pequeños.

Y vosostros, poetas,
alegraos
porque juntos
somos ya
una inmensa ola
de amor y de locura
que devolverá al mundo
la inocencia.

Elena Domínguez
Fuengirola, 25 de agosto de 2009



FLORA DE MANCHA
FLORA DE POETAS

Antonio Ruiz López de Lerma


Como en la Mancha el Acebo.

Que explotando en juventud
se calza agudas espinas,
que al pasar envejeciendo
se vuelven romas y finas.

Como es el agracejo.

Rodeando con tres espadas
axiladas la su flor
que viste la primavera
y la mima con candor.

Como es el álamo negro.

Como el poeta, tiene sed.
Vegetación ribereña
alzádose a treinta metros
ardiendo lenta su leña.

Como son las amapolas.

Se introducen entre mieses
narcóticas y sedantes,
rozando sus letras rojas
a los ojos de viandantes.

Como las barbas del viejo.

De aspecto ramificado
fragmentándose en soredios
dejando el talo partido.
...Son amores sin remedio

Como si fuera brecina

que en los brezales se crece
sustituye al melonar.
En los Montes de Toledo
comida para abejar.

Cual culantrillo del pozo.

La cabellera de Venus
que aunque se moje en el agua
parece estar siempre seca
como al salir de una fragua.

Como puede ser Lavanda.

A mil metros aromática
entre encinas o en jaral.
Vive en Cuenca y en Toledo
y la bella Ciudad Real

Como rojo Cotoneáster.

De pedregosos lugares
llamativo color rojo
altura poco crecida.
Solo mirarla es antojo.

Como el Eneo o la Enea.

Desde Tablas de Daimiel
a Lagunas de Ruidera
las encuentras en pantanos
cercana la carretera.

Como es una Hipocístide

parásito de la jara,
sin ella no viviría.
Ganó de la vida plaza
ayuntando una adjuntía.

Como vive la Peonía

Desde Montes de Toledo
y de sus alcornocales
a la poética Ruidera
y sus lindos encinares.

Como su rol Primavera

¿Más dulce nombre a mil metros
donde es difícil bajar?
Allí dialoga con yerbas
y acompaña al melojar.

Todas las plantas es este poeta
y dos mil más que aquí no son nomnbradas
que Antonio lleva siempre bien guardadas
en su alma, en su memoria. Su maleta.

José Antonio Soria Estévan




Homenaje a Miguel Hernández




El día 5 de diciembre, por iniciativa del Comité Organizador de las Jornadas Poéticas en las Lagunas de Ruidera se llevó a cabo el anunciado acto-homenaje al poeta Miguel Hernández, de quien en este año, 2010, se cumple el centenario de su nacimiento.
En él, y tras la introducción de Paquita Gallego y la lectura de poemas del poeta de Orihuela, a cargo de Consolación Abad Montoro, Alicia Avoledo, Juana Marín, Francisco Pozo y Mari Luz Sáez Guijarro, intervinieron los poetas : Natividad Cepeda, Francisco Jiménez Carretero, Juana Pinés Maeso, Elisabeth Porrero Vozmediano, Diana Rodrigo, Santiago Romero de Ávila, David de la Sierra Llamazares Cejuela, José Soria Estévan, Graciela Zárate Orozco y Antonio Ruiz L. de Lerma, que leyeron sus poemas inéditos dedicados al recordado poeta .
Cerró el evento la brillante actuación del Sexteto Donado Mazarrón.
Colaboraron en la organización del acto el Grupo XI y la Asociación Cultural "Amigos de la Poesía"

miércoles, 2 de diciembre de 2009

C.D. de audio Balada de Septiembre



















Balada de Septiempre, es un recopilatorio de 16 poemas de A. Ruiz L. de Lerma. Cuatro de estos poemas, musicados por Andrés Pino y Humberto Buenaventura, están cantados por este último. El resto de los poemas, dichos en la voz de su autor completan la grabación, realizada en los estudios ACM RECORDS S. L. de Málaga

Si alguno de los visitantes de este blog está interesado en el CD, puede solicitarlo en el correo: aruizdelerma@gmail.com . Se enviará al precio de 12€ más gastos de envío y contra reembolso

ALGUNOS POEMAS CONTENIDOS EN EL C.D. :


Lame la madrugada la avenida

Lame la madrugada la avenida.
La noche ha puesto sombra a la acuarela
de la ciudad, pintada de colores
y velada de niebla, con que tiñen
de harinoso misterio las acacias
su desnudez de invierno.

-Cuentan que, en estas fechas, una estrella
se desbordó de brillos contemplando
una rosa en el hielo;
que los más olvidados se llenaron
el zurrón con ofrendas
de generosidad,
que sintieron dorarse su pobreza
y, abierto el cielo en riego, hizo romero
infecundos terrones de soledad antigua;
que los grandes doblaron la rodilla
ante un algodonoso Nacimiento
y el viento sopló luego, mensajero,
una cálida nueva sobre el paso del tiempo
hace ya muchos siglos...-

Lame la madrugada la avenida,
aún cruzada a estas horas
por las roncas libélulas metálicas
que se pierden en prisas sin sentido.
Ha hermanado la noche a los humanos
con el vestido negro de la espera.
El bulevar, Babel hace unas horas,
es cauce del arroyo
de una vida que brota en humedades,
lejos del sol.

La triste vendedora
del amor, disfrazada de colores
aguarda en un portal. Ha hecho su cara
lienzo multicolor. Su vientre anuncia
un fruto que no quiso
pero habrá de nacer, si no lo siega
ahora que reverdea tímidamente.
Espera...
tal vez, mientras espera, desmorone
sus últimos terrones de inocencia.

-Cuentan que la palabra
se hizo cristal de luz en los cuadernos
de los siempre ignorados, proclamando
un gran amanacer, que ellos corrieron
a llenarse de sueños la mirada
y de calor las manos,
para llevar caricias a una cuna...

Lame la madrugada la avenida
junto a los escalones, que preludian
una boca insaciable, que vomita,
que traga
y vuelve a vomitar un hormiguero
de anodinos humanos
fabricados en serie,
Ahora reposa, acogiendo el harapo que dormita
con un cartel al lado, donde cuenta
la historia repetida, llamando al corazón,
vegetal en abrojos.
Payasos de papel se contonean
con extaños atuendos primitivos,
sonajeros de testas afeitadas,
proyecto en gallinácea
para un mañana neutro.

Lame la madrugada la avenida,
ajena a los abetos,
ajena a las estrellas comerciales,
ajena al universo de neones,
sin cronistas que escriban su soledad,
su angustia,
su oración sin palabras,
su queja escrita en trazos de negrura
en las piedras sin tiempo,
en las estatuas,
en los restos de un mundo de carteles
bordados de promesas que jamás se cumpleron.

Lame la madruagada la avenida.
Mañana es Navidad.


Carta apresurada a Gabriel Celaya

Hoy has muerto, Gabriel.
En el olvido,
quizá porque los hombres
no perdonan los versos,
ni la verdad urgente que gritan los poetas,
con el dolor del mundo
en el zurrón sobado,
de caminante loco.

Hoy has muerto, Gabriel, entre las manos
de algún angel de niebla
que rizase, con caricia suave
tu última sonrisa
de bebedor de auroras.

Dicen
que casi nadie
te acompañó a la tierra,
aunque yo estoy seguro que, contigo,
volaban los fantasmas
de viejos luchadores,
como copos de almendro,
sobre el lugar, que, en nieve,
fue el sendero de tu último viaje.

Hoy has muerto, Gabriel,
en el olvido,
tal vez porque dijiste a quien quisiera oirlo
no entender la poesía
como un lujo
concebido
para satisfacer a los mecenas,
que se crecen
lanzando una moneda
al juglar protegido.

Hoy has muerto, Gabriel...
aunque puedo decirte, con íntima certeza,
que vivirá por siempre tu cerezo
en el jardín del tiempo,
en que las cosas
florecen con eterna primavera;
porque nadie precisa
acercarse al lugar para tomar sus frutos
y venderlos.

RUIDERA, Abril de 1991


Tío Daniel

Se tuvo que alejar…
Aún era joven, fuerte y ardoroso,
pero se había gastado
su fortuna de sueños en la tierra.

   Tomó el tren una tarde,
con las mejillas húmedas del beso
que le dieron sus hijos
en aquel triste andén, que destilaba
sudor de despedidas.

   Iba sin rumbo fijo,
acunando en la frente,
para paliar su soledad, las horas
de un tiempo no lejano
en su época de miedo, cuando hilaba
la vida en una carta labradora
a la casa lejana.
Acariciaba
sus amores de mozo por las eras,
bajo el cielo de agosto
con un techo
salpicado de estrellas …

   Viajaba hacia el trabajo
                - peregrino de pan -
porque sentía
cuatro ojos chiquitines en el alma.

   Y ancló su caminar en otra tierra,
donde el sudor regaba los rincones
y florecían las noches en acero.
Allá plantó su olivo,
hizo su casa,
           - habitáculo humilde de suburbio -
donde Paca, Jesús y Josefina
llenaron de cariño las paredes …

   Yo se que recordaba muchas veces
            - hurgando el receptor -
horas pasadas,
cuando cruzaba montes valeroso
por tierras de Aragón,
pero callaba.
Se calaba la boina y sonreía,
con aquella sonrisa inconfundible
unida a un cigarrillo inacabable.

   Lo vi hace mucho tiempo,
cariñoso
            - “ bebe, sobrino” -
me alargaba una copa al preguntarme
por la tierra de ayer y sus cosechas.
Se sentía
dichoso al evocar la primavera
que encontraba de nuevo en mis palabras.

   Lo vi hace mucho tiempo,
antes que se perdiera en la bruma del norte
y se abrazase
             - esta vez para siempre -
a otro paisaje.



Doce de mayo




















DOCE DE MAYO, aunque publicado recientemente, fue escrito en los años ochenta. Bellamente ilustrado con fotografías de Helena Soria Sarmiento es el poemario de una fecha, el conjunto de versos nacidos a lo largo de veinticuatro horas. Por ello, cada uno de sus poemas tiene el título de la hora de su nacimiento.



Una, treinta

La vitrina del sueño
conserva el arco iris.
la piel ha florecido,
renovada
otra vez de amapolas.
Y en esta hoguera,
eterna,
las aristas
han desaparecido entre los dedos
veloces.

Ha sellado los ojos
la lluvia de la carne.

Lo cotidiano flota en lejanía,
como una linea
apenas
de deberes,
de archivadores,
de multitudes en soledad,
de filos,
de palabras medidas,
de asfalto esclavizante,
de enanos ambiciosos...

Los minutos se tornan de algodón,
al tiempo
que el cristal de los balcones
deja ya paso al ámbar
de un paisaje
donde todo es posible.


Ocho

El sol ha roto, tímido, los velos
y la jornada luce
en la terraza,
nueva,
sin carisma.
La calle es ya rumor.
En la mesa de noche
las primeras noticias,
con voz impersonal,
vienen a distanciarme la esperanza.

Una caricia rompe
las telarañas últimas
de los ojos,
anclando
la barca de infinitos.

La seda de un abrazo,
tibia,
me consuela la piel
y un susurro
-casi de noche aún-
me recuerda la fecha.

Un aroma de lecho compartido
nos envuelve.
La pereza de miel dilata los minutos.


Ocho, quince

La voz del noticiero
desmenuza las víctimas
de un atentado más.
La información
es lacerantemente familiar.
Esta pesada niebla
del terror
se nos ha hecho cotidiana,
como una enfermedad
incurable...

Mi hija llega
con su incipiente abril
a descorrerme la cortina de calma
y me deja su beso de felicitación.


Nueve, cincuenta

El urbano paisaje
conserva la acuarela de grises
como entonces.
Y, sin embrago, dista
sueños-luz de otro tiempo,
cuando lo recorría, interminable,
cogido de la la mano,
con los ojos enormes de la infancia curiosa.

Se fue haciendo pequeño
imperceptiblemente,
mientras se distanciaban
en recuerdos
las hojas
-con diminuta magia-
de aquellos cuadernillos de Calleja.

Aquellos otros doce de inmadurez de nata
me ponían de cerezas
la víspera impaciente
y amanecía en mi viento
huracanado
antes la luz de la ilusión
que el día.

El regalo era el mismo
cada cuatro estaciones:
cigarrillos de un chocolate incierto
de los años cuarenta.
Nunca pedí otra cosa
tal vez
porque me siento
seguro en la costumbre.

Mido,
junto al semáforo
la distancia de ayer
en la mirada,
por el retrovisor,
mientras espero
que se haga la luz verde.


Once, treinta

Pienso,
al dictado de casi cuatro lustros,
en un breve intervalo de sosiego,
solo,
por tamizar mis sensaciones
a la sombra de verdes
encendidos
desde el mes anterior,
como llama
que quisiera prender
en esperanzas
el venidero hacer.

Han alumbrado
sus faroles las rosas,
las acacias
agitan colgaduras,
con que sacar a mayo
de su pereza.
Los manojos
de "periquitos" manchan de naranja
la seriedad del suelo...

Primavera exterior,
que, en su polen
contamina de brillos
unos pliegues
apenas
de la ciudad;
incapaz de inyectarse en las arterias
del sistema
que alimenta con números
la vida
de los títeres negros,
emanados
de la mediocridad
y del desquite.

Todo el Mediterráneo
de la ilusión
se muere sin remedio,
rodeado
de escarabajos de élitros de mármol,
comerciantes de sal.

A pesar del color de la mañana,
que parece
recitar entre brisas
su voltaje
de vida libertaria,
el pensamiento huye.

-Hermanarse en el viento,
sofocarse en la luz
y volar...
volar;
arriba,
encima de las hora.
Lo demás,
una brizna,
debe quedar lejano, muy lejano...-


Trece, cuarenta

Los encuentro
con su ropaje extraño
a la puerta de un bar.
Se comunican
no se qué oculto cosmos
en una jerga rara,
como versos
que nunca pudierna recitarse.
Bajo cada palabra
duermen el aleteo
de un pájaro de sombra
perdido en la penumbra.

Sus horas elevaron,
en un rito de muerte,
la duración a un índice
que les rompe el aroma,
envejeciendo
la flor que abrió marchita,
amenazada
por el arma letal de una jeringa.

Buscadores de imágenes,
se apagan
en balbuceo de asfaltos,
como lepra que asciende
desde el amanecer de la ciudad
e infecta
sus cercanías de luna
cuando la luz se muere.

Tienen el alma herida
y los ojos velados
por una adormidera
que agota
el calendario de su ser incompleto.

De su mañana de humo
se han marchado los nombres,
las fechas,
los proyectos,
los hijos
-buscadores de otro cesped-
Y apoyan la existencia
en un surco de nieve que le congela el tiempo.

Aguardan,
añorantes de amor
-el amor es un ser de vidrio, frágil,
que aguarda en soledad-
con el nihilismo
de los que ya no piensan
recibir una dádiva de afecto;
diluyendo la sal de primavera
de su edad,
como si su latido
-nada más iniciarse-
hubiese caido al agua
de un lago de inconsciencia.

En su desvánde otoño,
seguro que unos ojos se derraman
en Nilos maternales,
infecundos,
que no pueden bañarles las orillas.
Y, no obstante,
les velan las ausencias,
les arropan su miedo,
les estrellan
el imposible cielo
de caricias,
queriéndoles pequeños,
acunables,
esperando el milagro
que no llegará nunca.

Uno de ellos levanta
la mano y me saluda,
pretendiendo, tal vez, reconciliarse
con esta sociedad
que les aparta.


Dieciocho, quince

El café a media tarde,
mi tertulia,
-minúculo "Gijón" de un solitario-
en la que me acompaño
sólo del pensamiento
y una pieza de Mozart
como fondo.

La obligación atrás,
voy pincelando
otro paisaje,
libre,
de palomas de gasa,
que se pierden
en la magia profunda de un allegro,
salpicando los lomos de una calle de libros
donde paseo los ocios.

Junto a la taza
unos versos recientes
escritos a esta hora
-hace algunas semanas-
precedidos
de una dedicatoria:

"a mi hija"

Me has compensado el folio padecido,
la tarde en sombra sorda, desmigada,
las violetas de hule de la clase
y los monstruos de plástico.
Hacía frío,
un frío que empequeñece, acorta humilla
aleja, trunca, rasga..., mientras
otoño sopla sobre el liego del alma..

Mañana
algún cretino editará un estudio,
descubriendo mi América
en beneficio propio
y dorará el momento...
¡pobrecillo!

Me has compensado el viento,
que ha revuelto
-irreverente y loco-
mi decembrino bosque de cabellos,
el coche, perezoso en la arrancada,
y el anodino diario del trabajo
que se pierde en la niebla,
mientras los sodomitas se coronan
y median los mediocres
que se hicieron de izquierdas
-enterrando un pasado inconveniente-

Me has compensado el peso
de ese renglón torcido
que, acaso, nadie quiera enderezar...
y la llegada se ha hecho de violines
por una pequeñez escrita en oro.
Nada más una nota
sobre la cafetera acostumbrada,
un guiño apenas:
-caricia manuscrita-
"sólo hay que calentar...",
que yo traduzco:
Me ha acordado de ti,
llego a tu tarde,
aunque te hagan invierno los senderos.

He bebido el recuerdo
humeante..., endulzado.
La habitación, la música y la noche
incipiente,
que arañaba el cristal de los balcones,
se han teñido de sol, inconsecuentes.


Diecinueve

Cada día es un cuaderno
de notas
apretadas
y puntos suspensivos;
de sonidos, caricias
y cristales, ennegrecidos de humo
para mirar el sol;
de esperanzas y olvidos;
de promesas y horóscopos
que no van a cumplirse;
de mensajes de magia,
que ningún mensajero
ha recibido encargo
de traernos;
de extravagancias locas;
de minutos atrás, que salpicaron,
intrusos,
una fecha...

Cada día es un arroyo
que acaricia la piel estremecida
buscando
la eternidad del mar.

Cada día...
No hay división de castas
para el soplo tenaz del calendario,
aunque,
a veces, busquemos impacientes,
cuando la tarde muere,
saborear algún néctar,
desconocido
y raro,
como si el firmamento se postrara,
ante las circunstancias
de alguna intimidad,
obsequioso,
con un copo de nieve entre los dedos,
golpeando
con suavidad
la puerta.


Veinte, treinta

la tarde se ha vestido
de un tono melancólico
gris-lluvia.
Hoy no he tenido
dos cartas de otro tiempo,
glosándome, amorosas,
la onomástica.

Tal vez, en la llovizna que se inicia,
rieguen desde el pretérito
-solo con la caricia
mansa
del agua en el asfalto-
su amistoso mensaje
dos presencias de bruma
que me robó el recuerdo.

Hoy no llegó el cartero.

La habitación parece agigantarse
poseida
de un vaho despacible
de soledad naciente.



Veintiuna, diez

Regresamos,
pausados,
bajo el atardecer, casi de plomo,
de primavera tarda,
como un rito,
dejándonos el ruido
a la espalda,
midiendo
los pasos cotidianos
que nos llevan
al íntimo rincón donde apuramos
el fin de la jornada,
encendiendo la vela del sosiego.

Los dedos engarzados se me antojan
el cáliz de una flor
de pétalos de albas
compartidas;
en toda su frescura,
como si nuestras horas
pendiesen suavemente
del aire,
sin transcurrir.

- Fue en primavera,
con el aroma henchido
de pujanza, en la sombra
de aquel primer recinto,
cuando arraigó la siembra:
en el tiempo
que la sangre florece
y la palabra cobra
calor de vino nuevo.
..-


Veintitrés, quince

Ha sonado el regreso
en el tic-tac cansino
que señala la noche.

El cenicero es un desierto de horas
muertas sobre la mesa.

Una novela encuadernada en verde,
la luna de la lámpara en los hombros,
el bolígrafo quieto,
los papeles...

El día se va camino del archivo
donde aguardan la muerte
los recuerdos.

Llueve mayo, monótono en la calle.


Veintitrés treinta

A estas horas presiento
en la penumbra el soplo
de tu presencia muda,
como si te llegaras con cariño,
de la lejana paz de las estrellas,
a nevarme el recuerdo
en la fecha que pone
otro jalón al cauce
donde mi vida miga,
en el anonimato,
jardines imposibles.

Desde tu ocaso, vengo
multiplicando el verso cotidiano
por un factor de obscura
soledad lacerante,
que prolonga el preludio de las noches
con una letanía de pensamientos.

Todo sigue en la línea
que la existencia marca.
Continúa
la tierra envejeciendo
con permanentes brotes de violencia.
La vida
nos baña con su vino
agridulce
y navega
nuestra barca por mares
de incierta singladura,
entre promesas falsas
y advientos comerciales.
Los marginados velan,
ignorados
su noche
-como siempre-
aunque se multipliquen las sonrisas
de los falsos profetas
perdidos en el lujo
-de la misma manera
que sus antecesores-
y enfermos de soberbia.

Mis hijos casi alcanzan
las flores del almendro
con el sol en las sienes,
Aletean
y los siento alejarse
cada mañana un trecho.
Han vuelto ya del sueño
y cultivan un mundo
de verde independencia...

a estas horas presiento
en la penumbra el soplo
de tu presencia muda...


Veintitrés, cincuenta

La noche es un espejo en los cristales
del balcón,
salpicado de minúsculos mundos
de solitaria lluvia.
En él tiene mi imagen
su vida
paralela a la mía,
en inerte silencio.

Aún con mis mismos rasgos,
media entre ambos un cosmos
de vano inabarcable.
Su eje de simetría
es un muro cerrado
a las palpitaciones,
al deseo,
a la locura de hilos invisibles
que se traduce
en humo de palabras en verso;
al amor,
que se clava a los huesos
y rasga
la realidad, doblando
las sábanas del tiempo
para cubrir los sueños...

Sé que puedo anularala,
si hago morir la luz de la pantalla
que vela mi sillón,
pero,
de todos modos,
me seguirá aguardando
para cruzar conmigo su mirada
cualquier noche,
y recordarme el soplo
de otros doce de mayo
yacentes en el viento...




jueves, 21 de mayo de 2009

Un Camino a Poniente




















PALABRAS PARA PRESENTAR EL LIBRO UN CAMINO A PONIENTE ORIGINAL DE ANTONIO RUIZ L. DE LERMA. Madrid, 20 de mayo de 2009

Nicolás del Hierro

Estoy por asegurar que a Antonio no le agradaría que yo hiciese una presentación con datos de solapa, esos que abruman al oyente con títulos de libros, fecha de nacimiento, carreras universitarias o arcaicas flores Naturales, así como la no difícil obtención de algún que otro premio entre los casi tres mil que se otorgan anualmente en España. Claro que tampoco soy yo amigo de tales acervos, aunque en la poesía y en la vida de Antonio Ruiz López de Lerma se den, se dan sobradamente estos y otros méritos. Nacido en Valdepeñas y haciendo Camino a Poniente en la orilla del mar, tiene, sí, títulos universitarios, como goza de una docena de libros publicados, es figura de un premio que lleva su nombre y, por iguales méritos, tiene en su haber varios galardones, aunque no sea costumbre el él presentarse a los mismos.
Ruiz López de Lerma es un poeta con una mayor enjundia que la serie de títulos y premios que sintetiza la vida y la obra de un escritor, es algo más que una biografía. Es el corazón que late en su palabra poética, ritmo de una musicalidad que se hace partitura en el lenguaje, alguien que a través de su expresión hace casi humano el dolor de vecino, mientras testa su nombre para ayudarle a sobrellevar la carga, al tiempo que con una palabra de estímulo procura alisarle el camino. Su estético mensaje humaniza la simbiosis del poeta y el hombre.
"Un camino a poniente", que aparece publicado en una muy selectiva colección poética sevillana (Ángaro), y que codirige otro buen poeta castellano-manchego, Francisco Mena Cantero, se abre con un Prólogo muy familiar y acertado que firma Blanca Mª Ruiz Gallego. Digo familiar y acertado porque Blanca es la hija mayor de Antonio y de Paquita, y acertado, acertadísimo, porque también es Doctora en Derecho, gran conocedora del idioma y, sobre todo, lectora incansable de poesía, dado el ambiente humano y familiar en el que se ha movido siempre.
Puedo asegurar que, desde sus orígenes, la poesía de Antonio es un espejo de hermosas metáforas, y no va a consentir deteriorar su reflejo en el libro que hoy nos presenta. A mi modo de interpretarle, esta pauta metafórica ya queda patente desde su propio título; si no ¿qué otra visión se nos está presentando en "Un camino a poniente"? ¿No camina a Poniente toda vida de nacido; toda toda virtud que es parte de laNaturaleza? Pero el hombre sabe que antes de llegar a esa puesta de sol (o de la vida), cualquier recorrido tiene sus luces y sus sombras. Y en esta razón intenta el poeta grabar el mosaico de sus versos y mostrarnos más estético el paisaje. No en vano ya desde el segundo poema, nos hace ver cómo en "el cuaderno escolar, / para escribir las breves confidencias, / ha vestido de sepia su reducto de pan".
Walt Witman consideraba que todo poeta está escribiendo siempre el mismo libro. Y nos daba su ejemplo personal en la permanente continuidad y revisión, viendo crecer, edición tras edición, el volumen de Hojas de Hierba. Y algo similar le ocurre a Ruiz López de Lerma en Un Camino a Poniente, donde si bien el conjunto de la entrega se nos presenta en la individualidad de un libro, no deja de ofrecernos los habituales temas de su más cercana partitura. Uno no tiene por menos que motivarse, leyendo versos como "tengo entre la mía / el calor de una mano chiquitita / calentando mi tiempo con sus dedos", o más cercanos aún a su latido: "Blanca llegó distinta esa mañana. /Ardía en sus ojos / un sol de mar acariciante y dulce. / Había miel en la paz de su sonrisa / y primavera calma en su palabra".
Nada socio-humano le es ajeno a la poesía de Antonio, porque en ella se produce un contacto personal que nos pretende y sorprende a través del mensaje existencialista que emana de sus versos. "Vencido por la tenue melodía" de su expresión, el poeta cala en sus lectores vistiendo de humanismo y cercanía su legado. Su poética es relación de tiempo y vida, los meses y la existencia, las fechas y la familia, el ambiente y los acontecimientos sociales; es el pensamiento de alguien a quien le preocupa la naturaleza y el mundo del hombre. A veces, en títulos anteriores, extiende su humana cercanía hasta las Madres de la Plaza de Mayo o a la sinrazón que acabó con la vida de Monseñor Romero.
Como a gran número de los poetas de su tiempo, de nuestro tiempo, halla en la infancia el manantial más fuerte y puro con que regar sus versos. El padre, la madre, el esposo, la idiosincrasia del pueblo,escenas familiares, las de su colegio de infancia, que luego algunas se verán reflejadas en su ejercicio de profesorado, el hijo que fue y el padre que sería más tarde, el abuelo... Todo, todo es condición con que se impregna la cercanía lírica del hombre.
Para el ejemplo del niño que preconiza su grandeza infantil dentro de este libro, yo me quedaría con el poema que titula "A veces...", que si bien empiesza con la perfección de una rima y una métrica exigente en toda preceptiva, estas exigencias se van diluyendo hasta cumplir, esto sí, con el perfecto ritmo acentual a que se ajustan heptasílabos y endecasílabos, liberados de rima pero plenos de musicalidad. Con parecida intención, para ubicarlos en el Poniente metafórico a que el poeta conduce su vitalismo, no resultaría erróneo ilustrarlo con los dos últimos versos del " Soneto para un 24 de diciembre", que dedica a sus hijos, donde, haciendo recuerdo del futuro igual que Goete hizo profecía del pasado, el poeta demuestra que "un aroma de amor, en el pañuelo / les sirvió para dar la despedida".
Hay algo que para mí es noticia en esta entrega de Ruiz López de Lerma, quien dominador, insisto, de preceptivas literarias, nunca utilizó tan reiteradamente el molde clásico de la décima real y del soneto, alguna silva, quintillas y octavas reales como lo hace en Un camino a Poniente. De aquellas, de las décimas, me atrevo a destacar "Atardecer de octubre", donde el mar agiganta su fuerza de inmensidad y lejanía, y, "Jorge", dedicada al nacimento de su nieto; y, de entre los sonetos, el que titula "Casi noche", perfecto en su concepción y mensaje de un atardecer junto a la playa.
Son estos dos temas, la familia y el mar, presencias vitales en este libro de Antonio. El tema familiar, con otros que ya le resultaran igualmente cercanos, convivieron y conviven de modo casi continuo en la obra del poeta; el mar es un trasplante corporal que ha despertado el ánimo en la palabra del poeta al tiempo que el hombre se entregó al éxtasis de su contemplación y disfrute más próximo y directo. De ese ayuntamiento, de ese matrimonio o simbiosis ha nacido Un camino a Poniente. Inevitablemente tiene raices de su propio pasado. No en vano mantengo las tesis del viejo camarada de Long Islam, que todo poeta está casi siempre escribiendo la continuidad del libro que originó el primero de sus títulos. Pero bien venido sea este Poniente que, si en principio lo tomé como origen de metáfora existencialista, en su continuidad no deja de ratificarse como una poética alentadora que prolonga la vida y obra de Antonio Ruiz López de Lerma.
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ALGUNOS DE LOS POEMAS
QUE FIGURAN EN EL LIBRO:

UNA LEJANA TARDE DE LLUVIA

 EN PRIMAVERA

Tenía la tarde aromas de acacia florecida.
Perfumaba la lluvia la tierra en primavera
y mi infancia volaba, segura en la querida
geografía de ternura de la oración primera.

Mi padre me guardaba su calor en la mano,
donde se refugiaban mis dedos escolares.
Mariposa de sueños volando hacia el verano,
siempre tejían las cinco, en mágicos telares
de libertad, la vela de mi humilde barquilla.

Yo tomaba, recuerdo, su mano y regresaba
a la segura calma de una mesa camilla
con un trono vecino de anea, donde jugaba
a encuadernar mis sueños en un soplo de viento
maternal. En mi frente coronaba la vida
la luz de la esperanza, paloma el pensamiento.
Tenía la tarde aromas de acacia florecida.

EN MI CITA DE MAYO

Mayo otra vez, la mies está crecida.
la brisa mece el tiempo en el ribazo
y el recuerdo se anuda, en tierno lazo,
al corazón. -Regreso a la dormida

caligrafía escolar, cuando la vida
estrenaba su luz bajo un cedazo
verde de primavera y, trazo a trazo,
dibujaba mi sueño en la querida

geografía familiar ...-
Mayo de nuevo.
Doce en el sol que alumbra la mañana.
Más pequeño el cuaderno, donde sigo

anotando la vida, mientras llevo
un niño hasta el cristal de la ventana
y el oro va cubriendo ya mi trigo.


ALBA

     I
Blanca llegó distinta esa mañana.
Ardía en sus ojos
un sol de mar acariciante y dulce.
Había miel en la paz de su sonrisa
y primavera calma en su palabra.

-Tenía el pensamiento
bordado en la mañana de un tiempo venidero.-

Y la supo su madre portadora
de vida por llegar,
aún antes que su voz se lo anunciara ...

Y se unieron las dos en un abrazo,
con los ojos brillantes
y el corazón perdido en un adagio.
   II

Le robó la emoción
un átomo del mar de los afectos.
La vida es,
dije,
una carrera de relevos.

-Alba,
dos centímetros largos
de enamorada carne
aún aguardaba
el ascua blanca de su sol naciente-

Mirábamos los dos,
cárdeno en el cristal el horizonte,
atardecer con calma
sobre el Mediterráneo ...

Le brillaron los ojos,
sintiéndose ya abuela
y se llevó la mano a la mejilla
evitando mirarme.

UN AYER YA LEJANO...

Un día se envolvió el sendero
en la brisa marinera
del sur. Con una habanera
trocó su ruta el viajero
soñando ser marinero
junto a la espuma y la arena.
Y en un canto de sirena
varó el sueño adormecido,
desmigando en el olvido
la sombra de una cadena.

¿CUANTOS VERSOS LE FALTAN
A LA HITORIA...?

Atrás la sombra oculta ya el paisaje,
las palabras primeras, el sonido
del viento susurrando en el encaje
de los sueños de un niño, el prometido
arcón de primavera, y el mensaje
que descifrar en un desconocido
jardín de fantasía ... Frente al sendero
cercano, el mar aguarda ya al viajero.

-¿Cuántos versos le faltan a la historia ...?
¿Cuántos besos de amor aguarda el trigo ...?
¿Cuánta esperanza queda en la memoria
muerta la primavera ...?-

No consi
go
pincelar con la palabras, de la noria
del futuro, rodando hacia el abrigo
de un almendro, el frescor de un arroyuelo ...

Murmura el mar, fundido ya en el cielo.

ATARDECER DE OCTUBRE

Recita el mar su habanera
casi en soledad. Desmaya,
en la quietud de la playa
el sol su lumbre. Y espera,
bajo la luz marinera
del atardecer, el día
bañarse en la algarabía
inmensa de la nevada,
que la libertad alada
lleva hasta la lejanía.



A VECES …


   Fue una tarde perdida en la memoria …
Enfrente había un jardín en primavera.
y unos bancos, guardianes de la historia
de mil citas de amor. La escuela era
un recinto en penumbra, misteriosa
para mis cinco años, un paisaje
casi de anochecer, con harinosa
nevada, retocando el maquillaje
de las viejas baldosas. Limitaba
al enjambre añorando la salida
una pizarra enorme, que celaba
su colmenar de sueños. Y la vida
florecía en las ventanas con largueza.


Fue, mi primer contacto, de tristeza.
De hiriente soledad el primer día,
lloviendo mis mejillas la añoranza
de ese mundo pequeño, en que tenía
mis recortes de sol. Con la esperanza
de encontrarle al salir, labraba el suelo
de las primeras letras. Le sabía
más allá de la puerta. En su desvelo
reposaba mi infancia y le creía
con absoluta fe. Tras las lecciones
me tomaba la mano en el regreso
hasta el tiempo dormido en los rincones
donde tenía mi huerto …
Con su beso
volvía a mi libertad en resplandores
y pintaba la tarde de colores

……………………………..
……………………………..
……………………………..

Aquel tiempo dormido
en el cuaderno viejo
de mis atardeceres infantiles
despierta, con frecuencia, en un sonido,
se me asoma al espejo,
me sorprende en los miles
sonidos de la calle, que amanece
su colmena de vida
con un sol perezoso en el tejado …

Y vuelvo allá. Florece
cercana en la glorieta, la querida
rosaleda. El dorado
paisaje de febrero
colorea mi sueño de ternura.
La esperanza amorosa,
con que oculta el recuerdo pasajero,
con leve veladura,
la falta de una rosa,
casi descubre un banco entre la hiedra.
La estructura, dormida
de un asiento de piedra,
pero …, hoy nadie me espera a la salida.