lunes, 20 de octubre de 2008

Con el color del mar























Arroyo de la miel
Arroyo de la miel, luz y colmena.
Mariposa de azúcar, centelleo
trepando por las cuestas, forcejeo
de plata cincelada. Hierbabuena

prensada entre las páginas de arena
de una agenda. Sedoso devaneo
de la tierra y el sol. Blando jadeo
del mar cercano. Canto de sirena

que atrapa al visitante y lo enamora.
Siamesa hermana en alba derretida,
que se abraza a la magia misteriosa

del sur, tallado en ascua cegadora,
y en él diluye su rubor, vencida,
acaso por el roce de una rosa.


Surtidor del estanque


Afilada palmera, que en la altura
te acopas y del agua, mensajera,
escapas con urgencia. Enredadera
trepando en vertical la escarpadura
del aire. Aguja de agua, con premura
por hilvanar la libertad primera.
Saeta de cristal, devanadera.
Hilo de una cometa. Tachadura.
No escuchará el azul tu rogativa
de agua por el jardín aprisionada,
ni calmará tu chorro penitente
su iracundo manar, agua cautiva
en medio de la hierba, acariciada
por el roce de un cisne solamente.



Plaza de la Mezquita
Pandereta de luz, aprisionada
en la cera anular de una colmena,
reposa bajo el sol, aletargada
como una barca que apresó la arena.
El día pasa por ella silencioso,
rozando apenas de su lecho el brillo,
bordado en sol y, por bordado, hermoso,
hasta gastar del oro el amarillo.
Abre, luego, la noche el terciopelo
de su inédita magia. Una paloma
de luna los convoca, con su vuelo,
a deshojar, prendidos en su aroma,
la flor de primavera; y en el rito
se agiganta la nácara. Graniza
la música, afilada como un grito,
en la luz del neón, donde se riza
el pensamiento en humo. Y los colores
giran en alocado torbellino
sobre la juventud, cautivadores,
hasta morir la noche.
Peregrino
el nuevo sol derrama su tibieza.
La plaza, casi sola, macilenta,
toma el reposo, herida de pereza,
sin galas ya, del alba cenicienta.


CASTILLO DEL BIL-BIL

Altivo emir de cielo y de canela,
anclado de otro tiempo en la ribera,
frente al mar. Orgullosa primavera
que dominó la historia. Inhiesta vela

de una barca varada. Rota espuela
de un jinete perdido. Hoja postrera
de una carta al pasado, que escribiera
con urgencia el recuerdo. En tu cancela

duerme, preso de encajes, el reflejo
del agua eterna que bañó otras horas
y hoy vuelve a visitarte compasiva,

porque el niño de entonces murió viejo,
calló el clarín, cambiaron las auroras
y se perdió el bajel a la deriva.



PLEAMAR

Se agita el mar en rítmico jadeo
para alcanzar el lecho de la arena
tendida al sol. Su espuma de deseo
galopa alada, salta y desmelena
su cabellera blanca, perfumada
con aromas de sal. Eleva, ajena
al tiempo que se va, la prolongada
mano que, en nácar insistente, riza
su violenta caricia. Dilatada,
en huella de humedad, no paraliza
el encaje del mar la acometida.
Una vez, otra vez... Y se desliza,
bajo el cristal la playa seducida
por el violento amante, que la arropa
tras el amor, porque quedó dormida.

1 comentario:

Camilo dijo...

Excelente poemario. En benalmádena deben estar orgullosos de él.